viernes, 8 de noviembre de 2013

SOÑANDO CON EL BALÓN DE ORO




"La semana había sido dura, pero Clara estaba acostumbrada, día tras día iba a clase y allí se concentraba al máximo en las explicaciones, por la tarde comía en la vieja casa que sus abuelos tenían en la ciudad. La comida no solía ser mucho de su agrado, la cocinaba su padre, pero dado que se esforzaba todo lo posible nunca se quejaba.
Comía rápido y al momento se iba al salón con sus abuelos: él un viejo sastre que estaba perdiendo la vista paulatinamente; ella enferma de parkinson y  alzheimer, era necesario ayudarla en todas sus necesidades diarias. Dada la situación y el hecho de que no tenían más hijos que su padre, pasaban allí la tarde, hasta que acostaban a su abuela y así a diario.
Esas tardes Clara las pasaba viendo series y estudiando, su concentración a esas horas del día no era muy buena porque cuando se ponía delante del libro se le venían a la cabeza detalles del único rato que tenía de descanso en la mañana: media hora que les daban para salir del instituto y comer un tentempié a eso de las 12. En esa media hora todos los días veía a un chico en el que se había empezado a fijar ya en verano. Su reflexiva cabeza, tarde tras tarde delante del libro, le decía constantemente a gritos: concéntrate!, pero el rendimiento no era al cien por cien y eso la desquiciaba.
Cada día Clara salía al recreo esperando verlo, normalmente tenía suerte, él cruzaba alguna mirada con aquella chica lánguida que no significaba nada en su vida pero que notaba que lo miraba y ella vivía rememorando esas miradas todas las tardes entre libros aburridos.
Isaac vivía en un mundo opuesto al de Clara, los libros poco o nada le interesaban, él vivía por y para el fútbol y era realmente bueno, tenía aptitudes más que suficientes para desarrollar una prometedora carrera y ya había sido seleccionado para jugar profesionalmente en el equipo de la ciudad, entrenaba dos duras horas diarias, a última hora de la tarde. Sus padres, que en un principio lo habían metido en aquello para que hiciese deporte vieron que lo que había sido una aficción se estaba llevando por delante todos los demás caminos de la vida de su hijo, algo que les preocupaba considerablemente.
Isaac fue el primer amor de Clara pero el destino les depararía un vínculo muy lejano del amoroso."

LA CHICA DE LOS LIBROS



"Son las 12 de la noche, septiembre, Clara se pone el pijama, está nerviosa porque mañana tiene que retomar sus clases.

Ya hacía tiempo que había dejado el verano atrás en su cabeza, nunca lo disfrutó mucho. Lo dedicaba completo a leer, tanto en su casa de la montaña como los 15 días que cada año se pasaba en la playa. Era la chica de los libros, a dónde quiera que fuese llevaba alguno con ella, sus ganas de saber, de aprender, de mejorar, su ambición… eran insuperables.

Estaba preocupada, se preguntaba en qué clase la meterían según las asignaturas que había escogido y lo que más la preocupaba era si alguna de sus amigas estaría en esa misma clase. Nunca había sido una chica sociable, todo el tiempo que dedicaba a aprender con los libros lo perdía de aprender de la vida y sociabilizar.

Decidió no darle más vueltas y tan resolutiva como siempre se metió en la cama, rezó sus oraciones confiando en que todo saliese bien y se propuso a intentar conciliar el sueño. Dio unas cuantas vueltas, pero al cierto rato se quedó profundamente dormida.

 A las 7 de la mañana del día siguiente ya estaba despierta, el día anterior había dejado la ropa que se iba a poner hoy cuidadamente doblada en una silla a los pies de la cama, sintió un gusanillo en el pecho, algo que no sentía desde hacía meses, todo el verano aquella aguda sensación la había abandonado.

Se levantó antes que nadie en su casa, vivía con sus dos abuelos maternos y sus padres. Se duchó, se vistió delicadamente, con la misma ilusión de quien se viste para su boda y al terminar se miró al espejo sintiendo la misma sensación que la había acompañado toda su adolescencia: verse y sentir que no era guapa, se miraba y miraba y se preguntaba si solamente se lo parecía a ella. Era una chica alta y delgada, con ojos verdes y pelo castaño que siempre llevaba en una coleta porque sus mechones se desordenaban al llevarlo suelto y su infinito perfeccionismo no le dejaba abandonar ese detalle al azar, además de que sentía que soltarse el pelo era exhibirse, no tenía ni el tiempo ni la mano para secárselo peinándolo hábilmente con el secador, así que siempre optaba por la coleta o moño. En su ropa era algo parecido, siempre se decantaba por ropa correcta pero sencilla, que no llamase la atención, tampoco sus padres se preocupaban mucho por la moda ni por darle dinero para que se comprase nuevos conjuntos a excepción de un par de pantalones , camisetas y jerséis cada temporada.

Se miró en el espejo finalmente después de hacerse y deshacerse la coleta varias veces, como hacía siempre, hasta que se sintió correcta y bajó a desayunar.

Ya empezaba a sentirse el frío y en aquella casa no había calefacción, sus padres y sus abuelos habían invertido todos sus ahorros en una casa grande en el campo, a las afueras de la ciudad, dónde tenían establecida su residencia fija. La casa estaba sin terminar, le faltaban cosas como la calefacción y eso a Clara la molestaba infinitamente porque odiaba el frío, pero se conformaba, sólo se preocupaba por estudiar, acabar el instituto y luego se iría de allí para hacer realmente su vida.

Lo que no sabía aquella idealista joven era que en aquellos dos años que le esperaban su vida cambiaría tremendamente y parte de sus sueños se truncarían, porque la perfección que la rodeaba estaba a punto de desaparecer"